Durante el verano y las altas temperaturas, sostener una buena hidratación es clave para prevenir decaimientos, deshidratación y golpes de calor. Son cuidados simples, pero fundamentales.
La Dra. Viviana Cantarutti, Médica Clínica de OSPEDYC, explicó que: “El agua es la mejor
bebida para el cuerpo: no tiene conservantes ni sodio y cumple un rol esencial en la
regulación de la temperatura. En general, se recomienda consumir entre 2 y 3 litros por día,
ajustando la cantidad según el calor y el nivel de actividad. Una referencia práctica: un vaso
cada dos horas”.
“Hay grupos que requieren mayor atención – continúa la especialista de OSPEDYC-: Los
bebés, niñas y niños pierden líquidos más rápido, regulan peor la temperatura corporal y
muchas veces no identifican la sed. Las personas mayores de 65 años, en cambio, suelen
sentir menos necesidad de beber, pueden tener una menor capacidad renal y, en algunos
casos, dificultades para acceder al agua. En ambos casos, es importante ofrecer líquidos de
manera frecuente, sin esperar a que lo pidan.”
“La deshidratación no siempre se nota de inmediato. Puede manifestarse con cansancio,
dolor de cabeza, falta de energía, mareos o dificultad para concentrarse. Frente al calor
intenso, conviene anticiparse”, advirtió.
Algunos hábitos ayudan a prevenir complicaciones: tomar líquidos de forma regular, evitar
la exposición solar en las horas centrales del día, elegir comidas livianas con frutas y
verduras, reducir la actividad física intensa y usar ropa clara, liviana y holgada. Permanecer
en ambientes ventilados o refrigerados también marca la diferencia.
Golpe de calor
El golpe de calor es la forma más grave de las lesiones por calor y constituye una urgencia
médica. Ocurre cuando el cuerpo no logra regular su temperatura y esta se eleva por
encima de los 40 °C, generalmente tras una exposición prolongada al calor o ejercicio
intenso.
Puede manifestarse con señales como confusión, cambios en el comportamiento, piel
caliente (seca o muy sudorosa), náuseas, dolor de cabeza, respiración acelerada y pulso
rápido. Ante estos signos, es fundamental buscar atención médica inmediata.
En este sentido, la Dra. Cantarutti aseguró que: “La buena noticia es que se puede prevenir:
hidratándose de manera constante, evitando el sol y el esfuerzo físico en las horas de más calor, protegiendo la piel, usando ropa liviana y nunca dejar personas —especialmente niños o adultos mayores— dentro de un vehículo estacionado”
Cuidarse del calor no requiere grandes cambios, sino incorporar decisiones simples que, en
verano, pueden marcar una diferencia clave para la salud.






